El origen de las especies de 1859 y la caída del Creacionismo

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El origen de las especies de 1859 y la caída del Creacionismo
Photo by Eugene Zhyvchik / Unsplash

Cuando todo se comieza a resquebrajar

Este libro cayó como un meteorito sobre el cristianismo. Quizás desde ahí comenzó el declive público de las iglesias. Pero veamos el asunto con más detalle.

¿Qué decía un férreo defensor de Darwin —y creador del término “agnóstico”?

Thomas Henry Huxley (1825-1895), también conocido como el bulldog de Darwin, no era un protestante, aunque lo fue en su infancia (perteneció a la iglesia anglicana). Era en términos teológicos, algo que no tenía nombre. Por eso él mismo lo inventó: agnóstico. Alguien que no afirma ni niega a Dios, sino que sostiene que no se puede saber.

Thomas Henry Huxley

Pero de que Darwin tenía razón, Huxley no tenía ninguna duda. En el prefacio de su libro Science and Christian Tradition (1894), escribió:

“A los escolares se les puede decir que el mundo de ninguna manera fue creado en seis días, y que una creencia literal en la historia del Arca de Noé solo puede permitirse, por razones prácticas, a los fabricantes de juguetes; pero deben considerar como la más cierta de todas las verdades, una verdad que solo puede ponerse en duda poniendo en peligro su salvación, que Jesús, aquel niño galileo que vivió hace diecinueve siglos, no tuvo padre humano.”

Esa contradicción no es un secreto para nadie. Ahora bien: las instituciones eclesiásticas han manejado esta tensión de maneras muy distintas. Veámoslo en detalle.

No hay una fecha única para este cambio, del creacionismo literal a otra cosa, pero en la segunda mitad del siglo XIX ya era evidente. Un ejemplo claro lo encontramos en Marcus Dods.

Marcus Dods (1834–1909) fue teólogo, erudito bíblico y ministro de la Free Church of Scotland, una iglesia protestante escocesa de tradición conservadora. En su The Expositor’s Bible (1888), escribió:

Marcus Dods

Si alguien busca información precisa sobre la antigüedad de la Tierra, o sobre su relación con el Sol, la Luna y las estrellas, o acerca del orden en que las plantas y los animales han aparecido sobre ella, debe remitirse a los manuales modernos de astronomía, geología y paleontología. Nadie pensaría por un momento en acudir a la Biblia como fuente de información para el estudio serio de estas materias. El propósito de los redactores de las Escrituras no era impartir conocimientos físicos ni ampliar los límites del saber científico.

Pero si alguien desea saber qué relación tiene el mundo con Dios; si busca remontarse desde todo lo que existe hoy hasta la fuente misma de la vida; si desea descubrir algún principio unificador, algún propósito esclarecedor en la historia de esta Tierra, entonces podemos remitirlo con confianza a estos y a los capítulos siguientes de las Escrituras como su guía más segura, y en verdad la única, para obtener la información que busca.

Toda obra escrita debe juzgarse según el propósito que su autor tenía en vista. Si el objetivo del autor de estos capítulos hubiera sido transmitir conocimientos físicos, ciertamente lo habría logrado de manera imperfecta. Pero si su propósito era ofrecer una explicación inteligible de la relación de Dios con el mundo y con el ser humano, entonces debe reconocerse que tuvo éxito en el más alto grado.

Dods no era un radical ni un hereje. Era un ministro ordenado, respetado en su iglesia. Y sin embargo, afirmaba sin ambages que la Biblia no es un libro de ciencia. Para él, eso no restaba autoridad a las Escrituras; simplemente las situaba en su terreno propio: el del significado, no el del mecanismo.

Pero las aguas no estaban tranquilas. La opinión de Dods no era unánime, ni de lejos.

Charles Hodge (1797-1878), teólogo de Princeton y uno de los defensores más influyentes del calvinismo ortodoxo en Estados Unidos, escribió What is Darwinism? (1874) y concluyó:

Charles Hodge

“Hemos llegado así a la respuesta de nuestra pregunta: ¿qué es el darwinismo? Es ateísmo. Esto no significa, como ya hemos dicho, que el señor Darwin ni todos los que aceptan sus ideas sean ateos; significa, más bien, que su teoría tiene un carácter ateo, porque excluye la idea de un propósito o diseño en la naturaleza. Y excluir el diseño de la naturaleza equivale, como afirmó el doctor Gray, al ateísmo.”

El razonamiento de Hodge es claro: si la naturaleza puede explicarse sin intervención divina, entonces Dios sobra. O, como él mismo dice, la teoría es atea en sus implicaciones, incluso si sus defensores no lo son.

Hasta aquí hemos analizado la perspectiva anglosajona protestante a través de Huxley, un agnóstico darwinista; Dods, un protestante conservador; y Hodge, un protestante ortodoxo estadounidense. En el próximo capítulo veremos el revuelo que se armó en la Iglesia católica. Me encanta el chisme. Nos leemos...


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